El turismo olvidó al turista
La oferta turística del día de hoy parece diseñada para todos… menos para el turista.
Las rutas turísticas están más pensadas para ser recorridas por drones que por humanos. Las medidas sostenibles parecen hechas para los periódicos, no para los viajeros. Los videos promocionales funcionan perfecto para cineastas, no para alguien que tiene que tomar cinco transportes distintos para llegar al lugar exacto donde grabaron a una persona acariciando un cocodrilo en primer plano.
Las ferias de turismo parecen diseñadas para aplaudir funcionarios públicos, no para preguntarse cómo viaja realmente una persona. Los productos turísticos se construyen para verse increíbles en una página web, no para el viajero que tiene dos días para conocer un destino y descubre que la experiencia “imperdible” dura 15 horas continuas con traslados incluidos.
Las experiencias exclusivas y los descuentos muchas veces existen solo para los likes. Porque si el turista real llega y pregunta por eso que vio en Instagram, resulta que ese servicio solo se ofreció durante el famtrip de influencers.
Entonces empezamos a construir un turismo que no es para el turista.
¿Y dónde quedó el viajero?
Se fue a un all inclusive.
Porque ahí sí pensaron en él.
Puede viajar con toda su familia. Lo recogen en el aeropuerto. Tiene actividades para niños. Puede llevar al perro. No necesita resolver la logística de tres operadores distintos. No tiene que preguntarse si el transporte sí llegará o si el tour realmente incluye lo que prometía la publicidad.
Y luego nos preguntamos por qué no dejan derrama local. Por qué no buscan experiencias auténticas.
Pero tal vez el problema es que hemos romantizado demasiado el esfuerzo que implica viajar fuera de esos espacios controlados.
Porque cuando alguien busca aventura, no se refiere a arriesgar la vida en el camino.
No quiere subir a una lancha sin chaleco salvavidas, sin seguro y sin información clara, para ir a ver una especie de ave que tal vez ese día ni siquiera aparezca.
Y aun así, la industria sigue sorprendida cuando el turista prioriza comodidad, seguridad y facilidad.
Tal vez el problema no es que los viajeros ya no quieran experiencias auténticas.
Tal vez el problema es que hemos diseñado demasiadas experiencias pensando en la foto, el video, el discurso político o el algoritmo… y muy pocas pensando en cómo se siente realmente vivirlas.
Porque el turismo puede sobrevivir sin campañas espectaculares.
Sin drones.
Sin renders.
Sin slogans.
Pero no puede sobrevivir sin turistas.
Te invitamos a ver el último episodio de #ConexiónTurismo: ¿La ficción vende más que la realidad en el turismo?
|

Respuestas